Trump impulsa la manufactura y la educación

Tal y como vemos cada día, las promesas de campaña de Donald Trump se están convirtiendo en órdenes ejecutivas y acciones enfocadas a la recuperación de Estados Unidos. El plan de Trump para lograr ésta se basa en que las empresas inviertan en Estados Unidos, en los propios trabajadores y fábricas estadounidenses. Esto significa reducir impuestos, recortar regulaciones y fomentar la independencia energía. De esta forma, podremos convertirnos de nuevo en la gran potencia industrial del mundo. Para ello, la Administración Trump centra su atención en las industrias manufacturera y tecnológica, entre otras.
Durante décadas, la avidez de la globalización por conseguir mano de obra barata ha sido y es un problema porque es perjudicial para la innovación. Tanto nuestros trabajadores como nuestros innovadores tienen el mismo enemigo, y la solución es la innovación estadounidense y recuperar nuestro patrimonio mediante la gran recuperación industrial de Estados Unidos. Esto lo tiene muy claro el presidente Trump, que pretende reindustrializar Estados Unidos para producir lo que necesitamos aquí y fabricar productos «Made in USA.» que puedan competir con otros países. Hasta ahora, los diseñadores tecnológicos estadounidenses hacían que China, India y otros países fabricaran todo. Esto se acabará y volveremos a producir en Estados Unidos porque ya sea que deslocalicemos fábricas a economías con mano de obra barata o importemos mano de obra barata a través de nuestro sistema de inmigración, la mano de obra barata se convirtió en la droga de las economías occidentales y ha colapsado la productividad.
Las medidas adoptadas por Trump, ya se empiezan a notar. Tras sufrir una fuerte caída en el último año de la Administración Biden, el sector manufacturero resurgió con fuerza en febrero. La producción industrial aumentó ese mes a un ritmo tres veces superior a las expectativas, alcanzando su nivel más alto jamás registrado.
El sector automotriz es otro referente del nuevo auge económico. El año pasado, la producción automotriz en Estados Unidos cayó un 7,8 % debido a las políticas de Joe Biden. En cambio, sólo el mes pasado aumentó un 8,5 %. Así que Trump está compensando con creces todo el año de las políticas automotrices destructivas de Biden.
La empresa NVIDIA ha anunciado que invertirá cientos de miles de millones de dólares durante los próximos cuatro años en la fabricación en Estados Unidos. Es otra victoria del presidente Trump en su impulso a la manufactura, que ya cuenta con varias corporaciones que invertirán en el país. La enorme proyección de gasto del grupo de semiconductores más valioso del mundo sigue los planes de inversión multimillonarios anunciados en Estados Unidos mientras el impacto de las políticas comerciales «America First» de Trump se extiende por la economía global.
Durante años, la base manufacturera estadounidense fue desmantelada, exportada al extranjero por políticos corruptos y corporaciones vendidas. Pero Trump ha cambiado el guión. Ahora, Nvidia, Apple, Oracle y TSMC apuestan billones de dólares a la manufactura estadounidense. La revolución de la Inteligencia Artificial no está ocurriendo en China, sino en Estados Unidos. Trump ya ha asegurado 500.000 mil millones de dólares en inversiones en infraestructura de IA de OpenAI, Oracle y Softbank. ¿Apple? 500.000 mil millones. ¿TSMC? 100.000 mil millones. Y ahora la histórica inversión de Nvidia. Este es el mayor resurgimiento industrial y tecnológico desde la Segunda Guerra Mundial. Las políticas y los aranceles de Trump están obligando a las empresas a traer empleos a los Estados Unidos. El resultado son más empleos, salarios más altos, y un país más fuerte. Así, el presidente Trump anunció esta pasada semana una inversión de 500 millones de dólares por parte de OpenAI, Oracle, y Softbank en infraestructura de Inteligencia Artificial. Johnson & Johnson invertirá más de 55.00 millones de dólares en Estados Unidos durante los próximos cuatro años, incluidas cuatro nuevas plantas de fabricación, lo que representa un aumento del 25% con respecto al gasto anterior, impulsado por las reducciones de impuestos de Trump. El plan, que incluye una planta de alta tecnología en Wilson, Carolina del Norte, y expansiones en otros lugares, busca impulsar el empleo y la innovación en medicina, con un impacto económico anual superior a los 100 000 millones de dólares. J&J se suma a una ola de empresas como Eli Lilly (27 000 millones de dólares), Apple (500 000 millones de dólares) y TSMC (100 000 millones de dólares) que redoblaron su apuesta por la producción estadounidense ante el impulso de Trump a la fabricación nacional. También llegan inversiones del exterior: los funcionarios de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) se comprometieron a un marco de inversión de 1,4 billones de dólares a 10 años en Estados Unidos tras reunirse el presidente Donald Trump con el jeque Tahnoon bin Zayed en el Despacho Oval. Se impulsará la Inteligencia Artificial, los semiconductores, la energía y la manufactura en Estados Unidos, con el lanzamiento por parte de ADQ y Energy Capital Partners de una iniciativa de 25.000 millones de dólares para centros de energía y datos. El acuerdo supone otro triunfo significativo para la estrategia comercial de Trump, al aprovechar la riqueza del Golfo para contrarrestar los desafíos económicos globales y reforzar la estabilidad bilateral. Asimismo, el fabricante alemán de automóviles de lujo Audi está considerando trasladar la producción de automóviles a Estados Unidos para evitar los aranceles de la administración Trump. No se ha tomado una decisión definitiva, pero Audi planea tomarla a finales de este año, en medio de recortes de 7.500 puestos de trabajo debido a los costes energéticos alemanes y la competencia china de vehículos eléctricos. Las políticas de Trump ya han impulsado a Honda a trasladar la producción del Civic híbrido a Indiana, lo que sugiere un cambio más amplio en la industria automotriz, mientras empresas como Mercedes-Benz observan de cerca. También el gigante británico, Rolls-Royce, se está preparando para aumentar la producción manufacturera en los Estados Unidos para evitar los aranceles impuestos por el presidente Trump.
La incansable búsqueda del dominio del sector manufacturero estadounidense por parte del presidente Trump está devolviendo billones de dólares a Estados Unidos. La economía prospera y los datos lo confirman y desmienten los temores y noticias negativas y sesgadas de los medios de desinformación y manipulación sobre una recesión. El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, ha manifestado que observa un fuerte crecimiento económico, con un desempleo del 4,1 % y una sólida creación de empleo. La construcción de viviendas nuevas se disparó un 11,2%, hasta alcanzar el 1.500.000 en febrero, mientras que las ventas de viviendas existentes alcanzaron los 4.260.000 millones, un aumento del 4,2%. La producción industrial aumentó un 0,7%, impulsada por un incremento del 8,5% en la producción automotriz. Las ventas minoristas subieron un 1% en el grupo de control, lo que indica el dinamismo económico imprimido por Trump. La inflación se modera con un Índice de Precios al Productor (IPP) estable y un aumento del 0,2% en el IPC en febrero, el menor desde agosto. El precio de los huevos cayó un 15% en marzo, lo que refleja el éxito de Trump en la contención de los costes.
En este marco de nueva prosperidad que se pretende conseguir, es fundamental acabar con la guerra de Ucrania e iniciar una nueva era de cooperación con Rusia. Por ello, Trump y Putin han acordaron que el camino hacia la paz comenzará con un alto el fuego energético y de infraestructura, así como con negociaciones técnicas para la implementación de un alto el fuego marítimo en el Mar Negro, un alto el fuego total y una paz permanente. Las negociaciones ya han comenzado. En este clima de colaboración, se incluyen temas tan relevantes como el control de Irán para que no sea una amenaza nuclear; la necesidad de evitar la proliferación de armas estratégicas en la región, y otros acuerdos económicos que alcanzan la explotación de tierras raras en Rusia, el comercio las rutas del Ártico, etc. Una relación normalizada entre ambos países revertirá en indudables beneficios económicos y mayor estabilidad geopolítica a nivel mundial.
Esta pasada semana, el presidente Trump firmó una orden ejecutiva para cerrar el Departamento de Educación, cumpliendo así otra de sus promesas de campaña. Con esta medida, mejorarán los resultados educativos al empoderar a los padres, los estados y las comunidades. Trump devuelve la educación, a cada estado. Es un duro golpe al adoctrinamiento de la izquierda. Po fin vamos a recuperar el futuro de los niños estadounidenses. Estos son los hechos y los datos: el presupuesto de 80.000 millones de dólares del Departamento de Educación (el 10% de los fondos escolares) apoya a 50 millones de estudiantes, pero eso no ha evitado que las calificaciones se desplomaran 20 puntos en el Informe Nacional de Calificaciones. La medida de Trump destruye los currículos marxistas (el 80% de los padres rechaza la teoría crítica de la raza, según las encuestas) y otorga poder a los estados. Trump está recortando drásticamente la extralimitación federal (el 60% de los estadounidenses dice que Washington D. C. se entromete demasiado), mientras que la izquierda, con un 29% de aprobación, se aferra a su intervencionismo educativo para seguir manipulando y lavando el cerebro a los estudiantes. Esta orden ejecutiva servirá para eliminar la educación socialista adoctrinadora. Es una gran victoria para detener el lavado de cerebro de la izquierda.
Como dijo Thomas Jefferson: «Una ciudadanía educada es un requisito vital para nuestra supervivencia como pueblo libre». Ahora, recuperaremos una educación libre de décadas de adoctrinamiento socialista.
El Departamento de Educación se fundó en 1970 y, desde entonces, hemos gastado más de 3 billones de dólares en esta burocracia inútil. ¿Cuál ha sido el retorno de la inversión para el contribuyente? Los resultados de las pruebas de nuestros niños son increíblemente preocupantes en lo que respecta a las tasas de alfabetización, matemáticas y ciencias. Donald Trump finalmente está tomando medidas muy necesarias para que la educación vuelva a su lugar: a los educadores más cercanos a los estudiantes en sus aulas, en sus respectivos estados.
Los burócratas socialistas y marxistas que controlaban las escuelas y llenaron las mentes de los jóvenes con las locuras transgénero, la teoría crítica de la raza, el revisionismo histórico y cultural, y otras aberraciones antiamericanas, están fuera. Nunca trataron de ayudar o educar a los estudiantes, sino que su objetivo era controlarlos ideológicamente. Se trataba de atar a los niños a un sistema corrupto y manipulado que les robaba su futuro mientras las élites enviaban a sus hijos a academias privadas. Trump ha parado esa maquinaria educativa federal y devuelto el poder a los padres y a las comunidades locales.
Los datos reflejan la realidad de una burbuja enormemente inflada. De los 23 millones de empleados federales, 11 millones trabajan en la educación. Y 6.700.000 no son docentes. Estados Unidos gasta más dinero por alumno que cualquier otro país, pero estamos cerca del final de la lista en términos de éxito. El 70% de los estudiantes de octavo grado no son competentes ni en lectura ni en matemáticas. A pesar de estos fracasos, el presupuesto discrecional del Departamento se ha disparado en un 600% en los últimos años y emplea burócratas en edificios por todo Washington DC.
Trump ha firmado esta orden ejecutiva para permitir que los padres, maestros y comunidades garanticen mejor el éxito de los estudiantes, y ordena los siguiente:
Sección 1. Propósito y Política. El futuro brillante de nuestra nación depende de familias empoderadas, comunidades comprometidas y excelentes oportunidades educativas para cada niño. Desafortunadamente, el experimento de controlar la educación estadounidense mediante programas y fondos federales, y la burocracia irresponsable que dichos programas y fondos apoyan, ha fallado claramente a nuestros niños, nuestros maestros y nuestras familias. Los contribuyentes gastaron alrededor de 200.000 mil millones de dólares a nivel federal en escuelas durante la pandemia de COVID-19, además de los más de 60.000 millones que gastan anualmente en fondos federales para escuelas. Este dinero es distribuido en gran parte por una de las agencias más nuevas del Gabinete, el Departamento de Educación, que ha existido por menos de una quinta parte de la historia de nuestra nación. El Congreso creó el Departamento de Educación en 1979 a instancias del presidente Jimmy Carter, quien recibió el primer respaldo presidencial de la historia del sindicato de maestros más grande del país poco después de prometerle al sindicato su apoyo para un Departamento de Educación separado. Desde entonces, el Departamento de Educación ha afianzado la burocracia educativa y ha buscado convencer a Estados Unidos de que el control federal sobre la educación es beneficioso. Si bien el Departamento de Educación no educa a nadie, mantiene una oficina de relaciones públicas que incluye a más de 80 empleados a un coste de más de 10.000 millones por año. El cierre del Departamento de Educación brindará a los niños y a sus familias la oportunidad de escapar de un sistema que les está fallando. Hoy en día, los puntajes de lectura y matemáticas en Estados Unidos están cerca de mínimos históricos. La Evaluación Nacional del Progreso Educativo de este año mostró que el 70% de los estudiantes de octavo grado no alcanzaban el nivel de competencia en lectura y el 72% en matemáticas. La burocracia federal de la educación no está funcionando. El cierre del Departamento de Educación mejorará drásticamente la implementación de programas en la educación superior. El Departamento de Educación actualmente gestiona una cartera de préstamos estudiantiles de más de 1,6 billones de dólares. Esto significa que el programa federal de ayuda estudiantil tiene aproximadamente el mismo tamaño que uno de los bancos más grandes del país, Wells Fargo. Sin embargo, aunque Wells Fargo cuenta con más de 200.000 empleados, el Departamento de Educación tiene menos de 1.500 en su Oficina de Ayuda Federal para Estudiantes. El Departamento de Educación no es un banco y debe devolver las funciones bancarias a una entidad preparada para servir a los estudiantes estadounidenses. En última instancia, las principales funciones del Departamento de Educación pueden y deben devolverse a los estados.
Sección. 2. Cierre del Departamento de Educación y devolución de autoridad a los estados. (a) El Secretario de Educación, en la máxima medida apropiada y permitida por la ley, tomará todas las medidas necesarias para facilitar el cierre del Departamento de Educación y devolver la autoridad sobre la educación a los estados y las comunidades locales, al tiempo que garantiza la prestación efectiva e ininterrumpida de los servicios, programas y beneficios de los que dependen los estadounidenses. (b) En consonancia con las autoridades del Departamento de Educación, el Secretario de Educación garantizará que la asignación de cualquier fondo del Departamento de Educación Federal esté sujeta a un riguroso cumplimiento de la ley federal y la política de la Administración, incluido el requisito de que cualquier programa o actividad que reciba asistencia federal ponga fin a la discriminación ilegal oculta bajo la etiqueta de «diversidad, equidad e inclusión» o términos similares y a los programas que promuevan la ideología de género.
Sección. 3. Disposiciones generales. (a) Nada de lo dispuesto en esta orden se interpretará como que perjudica o afecta de otro modo: (i) la autoridad otorgada por ley a un departamento o agencia ejecutiva, o al jefe del mismo; o (ii) las funciones del director de la Oficina de Administración y Presupuesto relacionadas con propuestas presupuestarias, administrativas o legislativas. (b) Esta orden se implementará de conformidad con la ley aplicable y sujeta a la disponibilidad de asignaciones. (c) Esta orden no pretende crear, y no crea, ningún derecho o beneficio, sustantivo o procesal, exigible por ley o en equidad por ninguna de las partes contra los Estados Unidos, sus departamentos, agencias o entidades, sus funcionarios, empleados o agentes, o cualquier otra persona.
El presidente Trump está haciendo un esfuerzo necesario para recuperar la mejor educación en Estados Unidos. El secreto de la educación pública es que, a menudo, las escuelas que más dinero gastan por alumno son las que obtienen los peores resultados. El verdadero problema es cómo se gasta ese dinero. La respuesta correcta es una remuneración basada en el mérito para los educadores.